Contemplar la noche

vangoghufo2

No se si alguna vez os habéis parado a contemplar la noche…el cielo nocturno. Sí, seguro que lo habéis hecho. Todos hemos quedado hechizados alguna vez por la Luna o por una noche sin ella, donde las estrellas reclaman su protagonismo y brillan soberbias sobre la inmensidad oscura como diamantes sobre terciopelo negro. Recuerdo una noche en especial, la recuerdo muy mágica, tenía unos 16 años y nos fuimos unos cuantos amigos a una concentración de frikies ,( hoy se la llamaría así, entonces era de colgados). Se supone que íbamos a presenciar un avistamiento OVNI ; lo había montado un programa radiofónico que se llamaba “espacio en blanco”y estaba allí hasta Jiménez del Oso. Era un lugar muy alto y lejos de la contaminación lumínica de los centros poblados. De hecho en ese lugar hay un observatorio astrofísico, uno de los mas importantes de Europa y en una noche de agosto sin una sola nube, con la atmósfera tan limpia que dolía respirar se reveló un espectáculo a mis ojillos adolescentes que nunca imaginé ver. Cuanta belleza!…las estrellas, que se multiplicaron por 20, brillaban insolentes, la nebulosa de Orión se veía a simple vista  sin prismáticos ni telescopios, se adivinaba la profundidad del cosmos. Nada que ver con mis noches de verano observando las estrellas desde la azotea de mi casa, que ya me parecían hermosas, pero desde un lugar alto y oscuro es indescriptible. Llevábamos mantas  para tendernos en el suelo, las luces del montaje se apagaron y quedamos todos mirando a las estrellas embobados. No se que extraña energía se desató allí, pero a pesar de haber mas de 50 personas en el lugar, no se oía un susurro. Quedamos todos quietos con la tranquilidad de estar acompañados en semejante empresa, ¿y si venían los marcianos?, hasta Jiménez del Oso andaba algo acojonado. Allí tendida sobre la arena, relajada, observando el infinito se me desataron los pensamientos y comencé a divagar con mi pobre filosofía de patio de instituto. Digamos que esa noche senté las bases de mi yo futuro. Aquella visión no sólo era hermosa, era también reveladora. Me hizo reflexionar sobre la vida, la humanidad, el mundo, el por qué de la necesidad de creer en uno o varios dioses, en si habrán otros mundos y si en esos mundos serán tan irresponsables como nosotros con el nuestro, a pesar de creernos tan inteligentes. Esa noche viajé, aventurándome hacia mi interior rocé las estrellas, atravesé nebulosas, orbité algunos planetas de la Vía Láctea y mucho mas lejanos aún y eso sin fumar nada raro. Por supuesto ninguna nave alienígena se dejó caer por allí, aunque los del programa de radio dijeron que sí, que se presentaron de una manera imperceptible para los que estábamos. Me pregunto que demonios habrían fumado ellos. En lo que a mí respecta, ni falta que me hizo ver marcianos, con ver la luz fue suficiente.

La mera verdad es que no somos más que una mota de polvo en la inmensidad del universo, que nadie nos cuida y nos protege, ni castiga ni premia. Estamos solos y aunque sí creo que haya formas de vida en otros planetas, inteligentes o no, (imposible sería que no la hubiera en todo el universo que somos capaces de adivinar), no creo que nos visiten, aunque me chiflen las pelis de ciencia-ficción. Desde entonces sólo tengo fe en la naturaleza, el orden natural de las cosas y en el ser humano que es Dios y el Demonio por igual. En nuestra mano está acabar con el planeta o conservarlo para las generaciones venideras de seres vivos. Es nuestra responsabilidad por que lo somos todo, aunque si miras hacia arriba verás que en realidad no somos nada.

 

Amigo mío, voy a confiarte una gran verdad, la única gran verdad. Oyela: Dios no sabe que existimos. Dios ha hecho este diminuto planeta y muchísimos planetas más, y el sol, y muchísimos soles más. Esta es realmente una obra de importancia (…). Es una emoción de cuya delicia podemos tener los hombres una debilísima sospecha cuando jugamos al billar. Pues bien: en uno de esos mundos, perdido en el espacio sin principio ni fin, hemos aparecido nosotros como una contingencia, como una microscópica e inapreciable contingencia. Como aparecen en un queso los gusanos. Es posible que el gusano crea que el que fabricó el queso lo creó a el y le asignó un destino, y lo vigila preocupadamente. Pero nosotros sabemos que no es así. Sería muy agradable sin duda alguna, tener una misión. Esto realzaría nuestra importancia, y, sobretodo, nos libraría del aburrimiento. La vida, amigo mío, se columpia entre el dolor y el tedio, un tedio grumoso y pegadizo que hay en el fondo de todas las almas. Sobre ser aburrida, es injusta y es cruel, desquiciada y sin meta.

Wenceslao Fernández Flórez.

Otro día os contaré como descubrí la constelación de Orión bajo los efectos del LSD…una noche memorable.

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6 comentarios to “Contemplar la noche”

  1. Muy acertado el fragmento de “El Bosque Animado”. Lo redescubrí gracias a tí y la verdad es que este texto da mucho para pensar y hasta filosofar. Y, por qué no, tu vivencia de la noche estrellada tambíen, coño.
    Estoy frito porque acabes ya el relato del blues… y lo pongas ya en este todo entero. A ver si te hago unos dibujicos para ilustrarlo.
    Joe Bizarro

  2. Joe… i love you.

  3. descubrí este hilo en el blog de Barri… y reparé en él gracias a la pintura que lo encabeza… de otro modo seguiría rebuscando entre la basura de aquellos soporíferos post insustanciales…

    …una reprodución de “la noche estrellada”… en formato 115×80 cm… preside mi habitación…

  4. De todos las pinturas de Van gogh, esa es mi preferida, junto con la de su habitación,tienen a mis ojos algo especial. Y que mejor para invitar a un sueño placentero que una visión estelar?… En mi dormitorio hay otra, en mi caso es una fotografía anónima de un paisaje nocturno tomada desde un desierto:las formas oscuras de los cactus en primera plana y como fondo el infinito.

  5. El texto que incluyes al final de tu relato “Contemplar la noche” creo que no es de Wenceslao Fernandez Flores, tal vez esté sacado de “El secreto de Barba Azul”

  6. ” El secreto de Barba Azul” es de Wenceslao Fernández Flóres, lo escribió en 1923. Gracias por venir, leer y comentar, Te.

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