Navidad en el bloque 6.

imagen-0041Por estas fechas es inevitable que al encontrarnos los antiguos vecinos del barrio, no salga a colación lo divertida que era la Navidad cuando éramos pequeños. Esa podría ser una señal indiscutible de que ya empezamos a tener una edad tan distante del recuerdo como para idealizarlo, pero no es el caso. Realmente en nuestro barrio y concretamente en nuestro bloque, la Navidad en general y el día de reyes en particular era algo especial.

Nuestro bloque era una calle peatonal, lo suficientemente ancha como para hacer carreras de bicis en filas de a tres. No había peligros de coches ni de gente extraña que pudiera pasar por allí. Los niños éramos una plaga por entonces. En cada casa (salvo excepciones) había mínimo tres y normalmente pasábamos los días jugando en la calle. Todos éramos los hijos de todos y las puertas siempre solían estar abiertas, o cerradas, pero con un cordoncillo que las  atravesaba por un agujero y con solo tirar de él se abría con facilidad. Así que era normal que en casa de destiladera-de-estrella1Estrella, la madre de May y Manuel “el Cabeza” nos juntáramos un rebaño de niños sedientos para beber de su destiladera, tan antigua que era capaz de volver pura y fresca el agua de la piscina municipal. O ir a merendar a casa de Jobita, la madre de Ana Mari, que a veces le daba por hacernos un bizcochón para todos con tal de que Ana Mari comiera algo, ya que era una niña “melindres”. Después de darnos un buen trozo a cada uno nos echaba a la calle a comerlo para que no le llenásemos el suelo de migas.

Margot la madre de July siempre metía bolas de chicles de colores dentro del hueco de una casita de porcelana que tenía cerca de la puerta y nos decía que crecían allí, por arte de magia…nos lo creíamos, claro. Salíamos de casa de Margot con los mofletes llenos de chicle y luego nos enseñábamos la lengua porque nos hacia gracia que fuera azul, verde, amarilla o del color del chicle que nos hubiéramos comido.

También teníamos la figura negativa, la temida bruja mala, a menudo objeto de nuestras burlas, estaba encarnada por Hermenegilda  “la Draculina”, una viuda solitaria y taciturna que ocupaba su tiempo espiándonos por entre las lamas de su persiana. Tenía el jardín más frondoso de la calle y era de los pocos que quedaban sin tapiar, una selva en miniatura, ideal para cuando tocaba jugar al escondite o para ocultar el bocata de la merienda que no teníamos ninguna intención de comer. Aquello era un cementerio de bocadillos y claro, “la Draculina” se enfadaba y, en venganza, balón que caía en sus manos, balón que nos requisaba y balón que rajaba en nuestras narices…Mujer cruel!

Este era a grandes rasgos el ambiente de nuestra vida en el barrio y podría contar un sin fin de aventuras, historias y travesuras de aquella época, pero no es cuestión de aburriros con mis batallitas, así que mejor me centro en el periodo más divertido y esperado del año en mi barrio, la Navidad.

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En la mañana de los días de nochebuena toda la calle era un muestrario de olores apetitosos. Era un día de mucho ajetreo para grandes y pequeños, las madres se pasaban el día afanadas en la cocina, los padres y hermanos mayores preparando los dulces y los pequeños haciendo pequeñas tareas, como por ejemplo ir a comprar los ingredientes que a nuestras madres se les olvidaba para la cena… la mía tenía muy mala memoria.

En algunas casas ponían música, en otras cantaban villancicos. Había una casa en especial donde acudíamos todos después de la cena en familia, la casa de Linda. Ella  era una madre moderna con aires hippies. Tenía un montón de hijos, aquella parecía la casa de “con 8 basta”. A los más pequeños no nos dejaban entrar a la fiesta, así que nos quedábamos encaramados a los muros del jardín observando como ligaban los hijos de Linda, escuchando canciones de Boney M, Donna Summer… y decidiendo quien era el mas guapo de entre los chicos mayores, soñando con ser lo suficientemente tetonas como para poder entrar a la fiesta y ligar con ellos.

Un año, ocupados en esos menesteres, empezamos a notar olor a quemado. La casa de enfrente estaba en llamas. En ella vivía “el Ruso”, un hombre alcohólico que vivía solo entre montones de basura. Alguien había tirado un petardo al interior de su casa, probablemente para molestarle y que comenzara el show al que nos tenía acostumbrados. Solía liarse a lanzar botellas vacías (evidentemente) a los coches que bajaban por la carretera mientras les dedicaba insultos inventados por él y que después llegaban a ser bastante populares, como por ejemplo “Papa Frita”.

Ese día “el Ruso” debía de estar durmiendo la mona, el pobre no se enteró y su colchón se incendió. Muchos chicos se metieron en aquella ruina de casa para sacar al Ruso, entre ellos mi hermano David, al que intenté disuadir de que lo hiciera aferrándome a su pierna sin éxito. Cuando le sacaron en volandas todos rompimos a aplaudir y vitorear a los héroes, afortunadamente nadie salió herido. Al poco llegó la policía y los bomberos, apagaron el incendio y al Ruso se lo llevaron esa noche a un albergue. Mientras le metían en el “coche Z” no dejaba de llamar “papas fritas” a los policías.

La noche de fin de año era bastante parecida, salvo por los fuegos artificiales y el desfile de figurines vestidos de gala que salían a festejar el año nuevo a fiestas privadas.

Y por fin el gran día! Desde antes de que nos dieran vacaciones en el colegio, ya solíamos andar todos algo desquiciados de los nervios pensando en el día de reyes, consultándonos constantemente lo que íbamos a pedir cada uno para ponernos de acuerdo.

Entre las niñas, si elegíamos pedir Nancys, teníamos que pactar el tipo de Nancy. Una se la pedía rubita, otra negrita, otra pelirroja… Con los modelitos de la muñeca pasaba lo mismo, ya que después solíamos intercambiarlos.nancy

A mí cada año me dejaban alguna aunque el que jugaba con ellas era mi hermano, David. Solía encontrármelas ahorcadas en el patio con un hilillo de laca de uñas roja pintada en las comisuras de sus labios y los ojos en blanco. Mientras, David, agazapado me observaba aguantando la risa desde la azotea…disfrutaba dándome sustos, el muy cabrito.

Hasta que se mudó de barrio, Santi y yo éramos inseparables, tanto que un día uno de sus hermanos mayores, Fermín, nos casó en la cocina de su casa. imagen-003Como éramos matrimonio la carta a los reyes la hacíamos juntos y pedíamos prácticamente lo mismo. Nos poníamos de acuerdo, si él pedía el equipaje del Madrid, yo lo pedía del BarÇa, las bicicletas las pedíamos cada año porque nunca nos duraban más de un par de meses.

El día señalado no podíamos comer, ni estar sentados, ni estar…lo único que podíamos estar era histéricos. A primera hora de la mañana íbamos a recoger hierbas a un solar cercano, los camellos de los reyes tendrían hambre y les preparábamos un plato con suculentas hierbas y un poco de agua. Eso es lo único que puedo recordar de aquel día previo, junto con el sentimiento de angustia  y de que el tiempo se había detenido…parecía que la noche nunca llegaría. Para más desazón infantil, el ayuntamiento hacía que un helicóptero diera vueltas sobre toda la ciudad, todos sabíamos que los reyes siempre llegaban en helicóptero al estadio de fútbol del equipo local y desde allí salía la cabalgata (aún lo hacen). Nos decían que nos vigilaban para ver si estábamos todos y nos portábamos bien. Cada vez que el helicóptero sobrevolaba el barrio todos los críos les saludábamos y mandábamos besitos…ese día éramos los niños más buenos del mundo.

Al llegar la noche la cosa empeoraba. Al final acababa durmiéndome por puro agotamiento sumida en un sueño intranquilo que no me dejaba escapar.

Entonces entre sueños empezaba a oírla. Araceli, la madre de Santi, armada con una corneta de plástico que hacía mucho ruido y gritando como una loca, nos avisaba de que los reyes ya habían pasado por el barrio. Todo esto ocurría sobre las cuatro o cinco de la madrugada, todavía faltaban unas buenas horas para que empezara a salir el sol. Pero si había alguien que disfrutara tanto como nosotros dicha noche, esa era Araceli, incapaz de aguantarse hasta que amaneciera. A más de un padre pillaron sus niños colocando los regalos por su culpa.

Me levantaba sin hacer ruido, a oscuras, me dirigía al lugar acostumbrado donde solían dejar mis regalos, debajo del árbol, encendía la luz y me sentaba a observarlos mientras temblaba y me castañeaban los dientes…no podía hacer otra cosa en los primeros diez minutos.

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Mis padres me observaban desde su habitación, haciéndose los dormidos y en alguna ocasión le oí decir a mi madre -Alfonso, Alfonso…a la niña le va a dar algo!

Después del shock empezaba a tocarlo todo, con mucho cuidado, luego iba a la cama de mis padres para informarles de todo lo que me habían traído, de cuanto me había gustado y de que un año más se habían olvidado del caballo. Hacía tiempo que lo andaba pidiendo, un caballo de verdad, al que me imaginaba atado placidamente en nuestro jardín y con el cual yo iría y vendría del colegio, seriamos inseparables. La culpa la tenía una tal Pippi Långstrump  y mi padre, que no dejaba de alimentarme esa fantasía.26_pippi1

Después de esto, agarraba mi flamante bici y salía a la calle en pijama, desgreñada, sin siquiera desayunar…allí nos encontrábamos todos en las mismas circunstancias, el frío de principios de Enero no iba con nosotros, éramos pura adrenalina.

Un año, Araceli me llamó nada más salir -Rebeca…corre, sube, aquí también te dejaron algo los reyes!…Al llegar me encontré a Santi con su equipaje del real Madrid, inflado como un pollo de contento. Entonces recordé que a mi no me habían dejado el del BarÇa. Araceli me cogió de la mano y me llevó a un rincón donde estaba mi equipaje de fútbol, un balón de reglamento y…UN SOMBRERO DE COWBOY, UNAS CARTUCHERAS Y UN PAR DE PISTOLASSSS!!!

las-somosierras-girls3Y así pasábamos las vacaciones, desde muy temprano por la mañana, hasta casi la medianoche, jugando en nuestra calle, explotando petardos y soñando con el día mágico, porque en verdad creíamos que todo aquello salía de los sacos de SSMM los Reyes Magos de Oriente.

Esta es la única manera que se me ocurre para felicitaros la Navidad, desde la niña que ya no soy. La adulta que soy ahora solo cree en la verdad…lamentablemente.

 

FELIZ NAVIDAD, AMIGOS!…(o feliz estupidez…según os convenga).

 

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9 comentarios to “Navidad en el bloque 6.”

  1. Cuando he visto el titulo (Navidad en el bloque 6)me dije, esta RBK se atreve con todo, ahora nos contara algo relacionado con la navidad carcelaria, y apostillé… tiene temas para todo.
    Pero no, bastaron tres lineas de texto para llevarme a una infancia y a unas navidades que tenia, si no olvidadas, si escondidas en lo mas recóndito de mi corazón. Gracias RBK, FELIZ NAVIDAD, AMIGA MÍA.
    ahhh!!!, si tuviera que escribir sobre las mías… la llamaría Navidades en Aprisco street,36, y te diré mas, poco difieren de las tuyas de esa época, aun hoy, soy feliz recordándolas gracias a ti.

  2. Ahora se llama Pasaje Tigaiga, pero en ese entonces era el bloque 6. De todas maneras si que he estado en la cárcel en cuatro ocasiones…encerrada NO, eh!…trabajando para que los presos pudieran ejercer su derecho al voto. Aunque nunca se sabe… estoy pensando en montármelo en plan “el Solitario” pero sin victimas, aún conservo las pistolas de juguete.
    Me gustaría leer algo sobre las navidades en Aprisco street…anímate.

  3. Que lindo relato rbk, pude imaginarlo todo! Las fotos son preciosas y la historia es muy bonita. Ahora entiendo porque tienes tan lindos recuerdos de esas fiestas. Mis recuerdos son muy distintos, pasaba navidad en una ciudad enorme y anónima

    Gracias por el regalo y feliz navidad

  4. Gracias a vosotros por leerme.
    Feliz Navidad Olivia.

  5. Que bonito rbk ¡¡¡ me ha encantado ¡¡¡
    Feliz Navidad niña.
    Un besazo

  6. Gracias Caricias, a mí me encanta que os haya gustado.
    Feliz Navidad para ti también.
    Muackssss…

  7. pa cuando las siete cosas guapa? 🙂

  8. ké niña tan seria!!! ese triciclo es mítico; yo tuve uno exactamente igual…

    me has hecho pasar un buen rato con tu entrada… y me has sacado un par de carcajadas…

    un abrazo…

  9. Sigo igual de seria.
    Jejeje…por ese triciclo hemos pasado todos los de nuestra generación…¿sería porque no había otro en el mercado?
    Me alegro de que te hayas reído un rato, yo me divertí mucho recordando.
    Un beso y un abrazo.

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